Tres lógicos entran a un bar

Va un chiste. Aparece en varios sitios de internet, pero la referencia original parece ser de Adrián Paenza —el mismísimo premio Lilavati 2014— en la web de Página/12 (aquí). Lo reproduzco según su redacción:

Tres lógicos entran a un bar. El barman se acerca y les pregunta: «¿Todos quieren cerveza?». El primer lógico mira al barman y le dice: «No sé». El segundo lógico también lo mira y le dice: «No sé». Finalmente, el tercer lógico mira al barman también y le dice: «Sí».

¿Necesitas ayuda? Fíjate en cuál es exactamente la pregunta del barman.

¿Más ayuda? Está bien, pero ya sabes que los chistes explicados pierden su gracia. Quizá prefieras la explicación que Paenza da en el enlace de arriba, pero aquí va mi intento de empeorarla.

La pregunta es si todos quieren cerveza. Ocurre que el primer lógico en contestar sí quiere cerveza, pero no sabe qué querrán sus compañeros de oficio. Por eso responde «no sé», es decir, «no sé si todos queremos».

El segundo en contestar también quiere cerveza, pero no sabe qué querrá el otro, y solo puede ofrecer su «no sé».

También el tercero quiere cerveza. Pero este tiene ventaja, porque ha oído ya los dos «no sé». Sabe que sus colegas son lógicos muy lógicos y solo pueden haber respondido «no sé» en el caso de que sí quieran. Así que él sí sabe.

Unas cervezas para los lógicos
¿Les sirvo o qué?

Otro asunto que merece atención: ¿por qué ser tan parco en palabras? ¿Hace falta ser seco para dedicarse a la lógica? Podrían usar una frase como: «Pues yo sí que tomaré una cervecita si usted tiene a bien servírmela, pero estos dos no sé decirle qué bebida prefieren». Podrían. Pero «no sé» tiene la misma información y es mucho más breve. Si me preguntas dónde nací, no responderé «Nací en Madrid y no nací en Burgos ni tampoco en Tegucigalpa.» La precisión es difícil y la concisión también; hay belleza cuando se alcanzan a la vez. Y un lógico —sobre todo uno de chiste— debe sentirse embriagado, antes que por la cerveza, por la forma de pedirla.

Luis Carandell empezó uno de sus libros (¡no consigo encontrar cuál!) con la frase «La mejor manera de partir es zarpar.» El mensaje es discutible, pero el enunciado es magnífico, embriagador.

La archiconocida fórmula de Euler, $e^{i\pi}=-1$, nos gusta por todo lo que encierra, implícito, en tan pocos símbolos.

Como último ejemplo, cualquier aficionado a la programación funcional babeará ante esto:
  Nat := 0 ++ map (+1) Nat.
En ciertos lenguajes, esto es una definición completa, válida y útil de los números naturales. De nuevo, explicar el chiste puede hacerle perder su gracia, pero lo que esa definición viene a decir es que la lista de los números naturales $(0, 1, 2, 3\dots)$ empieza por el cero y lo que queda $(1, 2, 3\dots)$ es lo que resulta de sumar uno a… eso mismo que estamos definiendo: $(1,2,3\dots)=(0+1,\, 1+1,\, 2+1\dots)$. Insisto en que ciertos lenguajes entienden definiciones como esa y trabajan con ella sin queja. Es agradablemente precisa y concisa. Tiene, además, la virtud de ser jeroglífica para los no iniciados, lo que nos produce a la minoría restante —reconozcámoslo— un sentimiento pasajero de leve superioridad.

Para terminar, me voy a atrever a proponer una mínima variante del chiste:

Tres lógicos entran a un bar. El barman se acerca y les pregunta: «¿Todos quieren cerveza?». Los tres lógicos miran al barman y le dicen a la vez: «No sé». Y entonces el barman…


Origen de la fotografía: dieraecherin en morgueFile.

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