Necesitamos fórmulas… bonitas

Los libros de matemáticas tienen fórmulas. Si a un libro sobre fotografía no le perdonarías que tuviera imágenes torpes o poco claras, a uno sobre matemáticas debes exigirle que sus fórmulas sean claras, legibles, agradables a la vista. Y eso, con frecuencia, no ocurre. Esta entrada viene a ser una queja contra las fórmulas feas y, de paso, contra las portadas feas.

(Si tienes dudas sobre la necesidad de las fórmulas en los libros de matemáticas, quizá quieras echar un vistazo a la entrada Necesitamos fórmulas.)

Los misterios de los números
(La odisea de las matemáticas en la vida cotidiana)
Título original: The Number Mysteries
Marcus du Sautoy
Editorial Acantilado
Sobrecubierta de Los misterios de los números

Hace algún tiempo me regalaron este libro, que ahora pretendo leer. El autor, Marcus du Sautoy, tiene un currículum impresionante en la difusión de las matemáticas, como escritor y presentador. Es, entre otras cosas, Simonyi Professor for the Public Understanding of Science. Así que el libro promete. Por ahora me quedaré, como decía, en unas cuestiones de aspecto: las fórmulas y la portada.


Las fórmulas

No es este un libro de muchas fórmulas —supongo que no le hacen falta— pero sí tiene algunas; y su aspecto es mejorable. Parece que esta ecuación (que es una de las de Navier-Stockes) es la más complicada que aparece en el libro y la que peor aspecto presenta:

Ecuación de Navier-Stockes en la edición española

¿Por qué esas letras tan tumbadas? ¿Por qué esos subíndices tan pequeños y finos que apenas se distinguen? No es solo la estética lo que se pierde: una fórmula que se lee más fácilmente se entiende mejor. La claridad y el equilibrio no son lujos.

Leo en el libro las líneas que preceden a esa ecuación y veo que solo está ahí para mostrar lo complicado que es el problema del que forma parte. No la explica y no pretende que se entienda. Si no se lee bien no es un problema… en este caso. En otros es sustancial.

Aparentemente, está fórmula ha sido tomada literalmente de este documento. Es el enunciado de uno de los problemas del milenio del Instituto Clay de Matemáticas. En él, la ecuación aparece así de bien:

Ecuación de Navier-Stockes del Instituto Clay

Resulta difícil renunciar a esto para quienes estamos acostumbrados. Por cierto, que en el libro se ha colado una errata: $\partial\rho$ en vez de $\partial p$. Pero, ¿quién puede distinguir una pe de una ro en ese baile de símbolos?


La portada

Mi ejemplar viene con una sobrecubierta («envoltorio rectangular de papel, cartulina u otro material similar que cubre la portada y la contraportada», según la Wikipedia). Parece que es un añadido sobre el diseño original del libro. La sobrecubierta consigue tapar la aceptable portada original con una impresentable.

Portada original
Chapuza

Se ha sacrificado todo atisbo de estética para poner unos letreritos que dicen que el libro es estupendo. Letreros que solo leerán quienes venzan la natural aprensión de los seres humanos a tomar en sus manos una cosa así de fea. Para colmo, una de las frases dice: «Las matemáticas pueden ser muy divertidas.» ¡Señor, señor!

Entiendo que la editorial ahorre restringiendo la cantidad de colores y manteniendo el diseño sobrio, pero esa sobrecubierta es demasiado. En los anaqueles de las librerías, este libro tiene que competir por captar tu atención con portadas así de atractivas:

Incluso en la sección de ciencias se las verá con estas:

La última es una preciosa portada de una edición en inglés del mismo libro que nos ocupa. ¿Cuál de esas portadas te anima a abrir el libro?

Por lo demás, a mis ojos de lego, el diseño interior del libro —del texto corrido, de la página, la elección del tipo de letra— es bueno. Porque, seriamente, no comprarías un libro que empezara con esta pinta:

Primer párrafo de Los misterios de los números... de aquella manera

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