Acéptate como eres. O no.

Te advertí no hace mucho de que Las paradojas acechan. Se cuelan por cualquier rendija cuando no miras. En lógica y en matemáticas son provechosas, porque permiten rechazar una teoría problemática y vislumbrar otra mejor. Pero a veces las paradojas quieren colarse en tu vida. Y es que abundan por el mundo físico y por el virtual consejeros empeñados en convencerte de que cambies y no cambies… a la vez.

Cierto libro titulado Acéptate a ti mismo trata de atraer lectores con esta frase: «Las causas que provocan la falta de aceptación de uno mismo, y cómo se puede superar realizando cambios positivos en nuestra vida.» La frase es fea de narices, pero creo que he conseguido entenderla. Traduzco:

  1. Debes cambiar tu vida (por tanto, no debes aceptarte como eres).
  2. Debes aceptarte como eres (pero solo cuando hayas cambiado).

Qué parecido a aquella conocida paradoja en dos partes:

  • La frase de abajo es cierta.
  • La frase de arriba es falsa.

¿Recuerdas que ya exploramos las frases autorreferentes en esta entrada? Ahora, lo que era un mero juego lógico ha tomado vida, como en esas historias en las que un personaje de ficción irrumpe en la realidad.

No puedo recomendar el libro que cito, porque temo que todo él esté escrito con esa gramática al límite que hace imposible una lectura cómoda y provechosa. Acerca de la utilidad del consejo, no puedo opinar; sí creo que necesita ser expresado mejor.

Me siento tentado a contradecir el consejo y aceptarme ya como soy: aceptarme como alguien que no se acepta a sí mismo. Pero tengo una idea mejor: aceptémonos como seres contradictorios. Quiero decir que yo acepto mis propias contradicciones. A los demás, si hay oportunidad, les echaré en cara las suyas.

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